
Mientras escribo este artículo, mi ciudad todavía intenta recuperarse de las consecuencias de la violencia policial contra civiles que ha trastocado el país. Una violencia que se extiende por platós de televisión, grupos de whatsapp, muros de facebook, twitter, instagram … y también por las consultas de los psicólogos.
Evidentemente, todo lo que nos afecta en el ámbito social, también tiene su réplica a nivel personal y ésta no ha sido una excepción. No es la primera vez que me traen a consulta preocupaciones derivadas de las noticias; hace poco una de mis pacientes más jóvenes se encontraba confrontándo la idea de la muerte a raíz de los también recientes atentados terroristas que nos ha tocado vivir de cerca. Y es que si hacemos caso a las noticias, vivimos tiempos convulsos: tiroteos masivos, atentados terroristas, la amenaza latente de una guerra nuclear, crisis económica, política, social… nadie es inmune a esta avalancha de noticias catastróficas, pero cómo nos afectan?


En algún punto entre el tío al que pagas por sentarse a escuchar tus problemas sin más, y el super-hombre capaz de descifrar todos los secretos que esconde el inconsciente, estaría lo que he ido descubriendo poco a poco que significa para mí ser psicoterapeuta.
Es una etiqueta con la que se reconoce a aquellas personas cuya identidad de género no se corresponde con su sexo biológico. Lo más fácil para explicarlo es referirse a hombres que nacen en un cuerpo de mujer o viceversa, aunque hay muchísima más variedad en el mundo trans. Quizás lo más apropiado sería hablar de “transgénero” puesto que englobaría muchos más aspectos dentro de éste aspectro: androgínia, travestismo, intersexualidad, género queer… es un cuadro con muchos matices.
Al nacer, a todos se nos asigna un sexo dependiendo de nuestros genitales…