Retraso mental y delito

delitoDurante la primera mitad del siglo XX el Retraso Mental (RM) se consideraba un rasgo absoluto del individuo. La evaluación se centraba casi exclusivamente en la puntuación del CI (coeficiente de inteligencia), criterio que servía no sólo para hacer el diagnóstico, sino también para establecer la categoría dentro de la cual se encontraba el individuo (leve, medio, severo o profundo).

La mayoría de los sistemas de clasificación reconocen los trastornos infantiles, (como el retraso mental) como categorías separadas de los trastornos adultos. También la mayoría trata de distinguir entre trastornos orgánicos, los más graves provocados por una clara causa somática, fisiológica, relacionada con una lesión o una anomalía congénita estructural en el cerebro, y trastornos no orgánicos, a veces también denominados funcionales, considerados más leves.

Siguiendo a las dos organizaciones Internacionales más importantes (la American Association on Mental Retardation y la American Association on Intellectual and Develepmentak Disabilities), se podría definir el retraso mental como:

cerebro

“Un trastorno caracterizado por limitaciones significativas tanto en el funcionamiento intelectual como en el comportamiento adaptativo, que afecta a las habilidades sociales y prácticas del funcionamiento diario. Este trastorno aparece antes de los 18 años de edad”

Los trastornos intelectuales afectan sobre todo la capacidad de abstracción y comprensión. La personalidad suele estar mal estructurada, existiendo una tolerancia a la frustración muy baja, tendencia al egocentrismo, intensa credulidad, sugestibilidad o influenciabilidad, por cuanto pueden ser fácilmente inducidos por otros a la comisión de actos delictivos, cuyo alcance comprenden mal. Si son convenientemente educados pueden estabilizarse laboral y económicamente y a veces logran independizarse y mantenerse con un apoyo o supervisión ligeros.

¿Qué tipo de delitos cometen?

La posibilidad de que un sujeto con retraso mental cometa actos delictivos y por lo tanto entre en conflicto con la ley, depende de la profundidad de su déficit intelectual y de la modalidad clínica. En referencia a la profundidad del déficit intelectual implica que a mayor grado de retraso mental, menor será la capacidad delictiva y por lo tanto menor la peligrosidad. Por su parte, la modalidad clínica significa que origina más problemas penales la forma intranquila, irritable o activa que la forma apática, tranquila o pasiva.

De las tipologías de delitos descritos en el Código Penal, los más frecuentes que pueden cometer los individuos con retraso mental son:

  • Delitos contra la libertad sexual: consisten en agresiones sexuales, abusos sexuales, exhibicionismo. Asimismo pueden presentar conductas insólitas o parafilias como la zoofilia y la necrofilia.
  • Delitos contra el patrimonio: Robos, hurtos, etc. Suelen tener la característica de ser burdos, de objetos de escaso valor. El sujeto cuando es detenido niega rápidamente ser el autor del delito, a pesar de que existan pruebas irrefutables de su autoría. No es capaz de inventar una coartada lógica.
  • Delitos de lesiones y homicidios: Agresiones, homicidios, etc. Se caracterizan por la impulsividad, irreflexión y ausencia de planificación previa.

 

¿Se les puede condenar?

El problema llega en el momento de si una persona con retraso mental es imputable o no por un delito. Aquí es donde la cosa se complica.

 

Según el código penal español, el concepto de imputabilidad comprende el conjunto de facultades psíquicas mínimas que debe poseer un sujeto, autor de un delito para que pueda ser declarado culpable de ese mismo delito. Para que un sujeto sea imputable se tienen que cumplir las siguientes condiciones:

  1. Un estado de madurez mínimo, fisiológico y psíquico
  2. Plena conciencia de los actos que se cometen
  3. Capacidad de voluntariedad
  4. Capacidad de libertad.

Para evaluar estas condiciones de un sujeto, este pasa un examen psicológico forense, que no debe limitarse sólo a evaluar las capacidades intelectuales y volitivas sino que también habrá que tener en cuenta las características del delito que pueda haber cometido el sujeto.

Respeto al retraso mental, la imputabilidad va íntimamente unido al grado de deficiencia mental (niveles de gravedad), siendo evidente que a mayor profundidad de deficiencia más inimputable sería el delito cometido.

Los sujetos con retraso mental Profundo y/o Grave son INIMPUTABLES, ya que es nula la capacidad de discernir y conocer el alcance y significación de sus actos. No les son imputables ni sus acciones ni sus omisiones.

En el caso de un retraso mental moderado, habrá delitos en los que el sujeto no llegue a comprender el alcance de sus actos, justificándose así la inimputabilidad, mientras que un RM leve próximo a la normalidad puede en esos mismos delitos ser perfectamente imputable si el perito forense llega a la conclusión de que obró conociendo el alcance y consecuencia de sus actos y se decidió a ello reflexivamente y con libertad.

En los casos de inteligencia límite (borderline) habrá que examinar con minuciosidad una serie de circunstancias en relación al delito cometido para poder valorar el grado de imputabilidad y sobre todo saber hasta qué punto el sujeto tiene conciencia de lo que ha cometido es un delito, su idea del bien y el mal.

Evidentemente que algunas personas con retraso mental pueden cometer delitos, pero no se  pueden ponen todos los enfermos mentales en un saco con la etiqueta de “peligrosos” y que son los que cometen más delitos, como a veces, a lo mejor hayamos oído por la televisión en esos programas donde salen tertulianos hablando del delito famoso del mes.

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Fuente: guerraypaz-carlos.blogspot.com

Se tienen que tener en cuenta las condiciones que he intentado exponer en este artículo y además, hay que tener en cuenta que es un proceso difícil. La estigmatización de las personas con retraso mental siempre ha estado presente en nuestra sociedad y, aunque creamos que no es así, aún existe.  

 

Escrito por: Anna Serra Crispi, estudiante del Master en Ciencies Forenses y Grado de Criminología

 

Bibliografía

AAMR. (2004). Retraso mental: definición, clasificación y sistemas de apoyo. Madrid: Alianza

Gisbert Calabuig, J.A. y Sánchez, A. (1991). Trastornos mentales orgánicos. En J. A. Gisbert Calabuig. Medicina legal y toxicología (4ª edición). (pp. 875-893). Barcelona: Ediciones Científicas y Técnicas, S.A.

Muñoz Conde, F. (1988). La imputabilidad desde el punto de vista médico, psiquiátrico y jurisprudencial. Curso Nacional de psiquiatría Forense. Mérida: UNED.

OMS. (1992). Clasificación de Trastornos Mentales y de Conducta: Descripciones Clínicas y Guias de Diagnóstico (CIE-10). Ginebra, Organización Mundial de la Salud.

Rodes, F. y Martí, J.B. (1997). Valoración médico-legal del enfermo mental. Alicante: Universidad de Alicante

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